martes, 5 de agosto de 2008

Bergen, una ciudad que convive con la mar




Comencé a interesarme por Bergen y por ende por Noruega a raíz del visionado de un documental de televisión. Recuerdo la extrañeza del presentador al contemplar a un grupo de niños, perfectamente ataviados con trajes de intemperie, jugando bajo el agua que arrojaban las mangueras de los bomberos. Se celebraba una fiesta relacionada con la climatología y como no llovía, algo relativamente inusual en Bergen, sustituyeron el agua que debería caer del cielo por la arrojada por los bomberos El presentador, no salía de su asombro (y yo, tampoco) y comenzó a preguntar a los adultos que contemplaban tranquilamente la algarabía de los niños, la razón del evento y de su comportamiento, a lo cual contestaron que habitando en una ciudad como la suya, donde prácticamente llueve o nieva todos los días del año, es necesario adaptarse al medio. “No hay mal tiempo, si no ropa inadecuada”, fue la frase más llamativa para mí y la que hizo que prestase un poco de mayor atención al televisor. Esta frase, ayuda a definir un poco el carácter de sus habitantes. Han aprendido a convivir con un clima adverso, adaptando sus costumbres al medio natural, sin que por ello se queden encerrados en sus casas.

El lugar me pareció alucinante por televisión. Pero ese tipo de percepciones, suelen ser relativamente poco fiables, pues esta va a depender de la habilidad de la persona que se encuentra detrás de la cámara y del posterior montaje. Así que, me puse a investigar un poquillo sobre el lugar, desempolvando libros y visitando la biblioteca.

Primero, tenia que ubicarla en el mapa, cuestión que no resultó excesivamente complicada con un mapa más o menos decente. Ahora bien, si ya queremos poner nombre y apellido a su situación; 60º24’00”N, 5º18’37”E, hay que recurrir a publicaciones geográficas o a guías de viaje. Lo segundo, era averiguar la razón de la benignidad de su clima, pues habiéndola ya situado en el mapa y estando bastante mas al norte que poblaciones proverbialmente gélidas en invierno, caso de Moscú, las temperaturas son mucho mas elevadas (más de 25º de diferencia media en invierno). La razón, aunque algo difícil de entender, es atribuida por los científicos a la influencia de las aguas cálidas de la llamada “Corriente del Golfo”, la cual tiene su origen en el Golfo de México y que llegan hasta esas costas, a muchos miles de kilómetros de distancia en un viaje en el que todavía les quedan muchos más kilómetros. En fin, fenómenos naturales que a ojos y oídos de los que no somos muy “leídos”, nos suenan a “sobrenaturales”. Por último, me quedaba la curiosidad de ver con mis ojos lo que había visto en la tele y después de algunos años de espera, lo pude hacer, aunque de una forma rápida y somera.

Sobre Bergen, mucho hay escrito, con mayor o menor fortuna, exagerando, intentando ser originales en los adjetivos que la describieses, pero con el denominador común de la alabanza, la cual, dicho sea de paso, corroboro. Por supuesto, habrá opiniones contrarias como en todo hay, las cuales tendrán sus motivos.

Bergen es la capital administrativa del condado de Hordaland, el cual cuenta con 33 municipios y 448.343 habitantes de población, habitando 242.158 el municipio de Bergen. Sin embargo, son muchos los núcleos de población, difuminados a lo largo un amplio fiordo de Nordeis, con extensos brazos navegables, numerosas islas y siempre rodeado de montes, los cuales nos ocluyen la visión total del término municipal. Esta es la razón de su nombre, pues en noruego, Bergen significa “entre montañas”. La parte, por llamarla decirlo así, “vieja” (Gamle Bergen), es relativamente pequeña y esta zona la que le proporciona su fama y su atractivo turístico cultural.

La fundación de la ciudad data del año 1.070. Fue el rey Olav Kyrre, primero de los reyes cristianos de Noruega y recordado por sus peculiares métodos para convertir a sus súbditos al cristianismo. Simplemente “decapitaba” a los fieles que no acudían a misa. Durante los siglos XI, XII y XIII, fue capital del reino Noruega

Bergen vive en una especie de comunión con las aguas que la bañan, volcándose la vida de la ciudad hacia los muelles (Bryggen), punto de partida y llegada de numerosos ferries y embarcaciones menores que la comunican, tanto con otras localidades de la misma región, como con el resto del país (puerto de inicio del “Expreso del Litoral”) así como con Inglaterra y Dinamarca. Sus muelles desde tiempos lejanos, han sido lugar de comercio de los países que formaban la “Liga Hanseática”, agrupación de comerciantes de los países del norte de Europa, con reglas profesionales y éticas comunes. Este actividad comercial, dio lugar a la construcción de las famosas “Casas Hanseáticas”, declaradas por la UNESCO “Patrimonio de la Humanidad”. Data su construcción entre los años 1350 y 1760, estando realizadas en madera y pintadas en vivos colores. Hoy en día, albergan comercios y centros culturales, habiendo sido restauradas y conservadas con el máximo respeto a su entidad histórica. Pero no ha perdido ni un ápice de encanto el pasear entre esas casas. Las estrechas calles que conforman este barrio, mantienen todo el sabor de años pretéritos, siendo relativamente sencillo, imaginar la bulliciosa vida que en ellas de desarrollaba, con reyertas entre marineros borrachos y todo otro tipo de actividades, que un ambiente tan evocador nos pueda sugerir. Hoy por hoy, son el mejor reclamo turístico de la ciudad, motivo de justo orgullo e inmensa preocupación, pues, el fuego, enemigo natural de las construcciones de madera, calcinó hasta los cimientos en el año 1.992, la iglesia de Fantoft, construida en 1.150 y hoy, afortunadamente reconstruida.

Otra construcción emblemática de la ciudad pero no en madera y de 800 años de antigüedad, es la Iglesia de Santa Maria.

También, en uno de sus muelles y al aire libre, se enclava el mercado del pescado, símbolo de una de las mayores riquezas del país, la pesca. Entre sus puestos, encontramos trabajadores de muy diversas nacionalidades, afanados en mostrar de forma atrayente sus mercancías, elaborando suculentos bocados y ofreciendo degustaciones de los mismos. Lástima que se siga ofreciendo la carne de ballena como uno de sus atractivos (lo confieso, la probé), pues Noruega, país donde la ecología es poco mas o menos una religión, no ha subscrito los tratados internacionales para preservación de estos cetáceos. Algo incomprensible.

Siguiendo con su vinculación con la mar, está su acuario. También al final de uno de sus muelles y lugar donde “según su publicidad”, hay la mas extensa representación de la fauna que habita esta agua. No se si habrá ballenas.

También hay museos relacionados con el mar; el marítimos, de los vikingos, de la pesca y el de las casas Hanseáticas. Por supuesto, hay otros museos no relacionados con el mar. Todos ellos, a priori interesantes y supongo merecedores de una visita, pero hay que intentar administrar el tiempo que dispongamos para la visita de esta ciudad.

Otra relación con el mar, no visible desde la “Ciudad Vieja” es la que ha convertido a Bergen como la capital Noruega de la Industria Petrolera. Son numeras las industrias, astilleros y refinerías que se asientan en la municipalidad, las cuales han conferido a esta zona una gran riqueza económica, siendo particularmente interesante la armonización conseguida entre la industria y la ecología.

Probablemente, la visita que mas sencillamente nos pueda aportar una “visión genérica” de la ciudad, sea subir al monte Foid, de 320 metros de altura mediante el uso del funicular o Floibanen. Este, parte de las inmediaciones del puerto y tras el pago del correspondiente billete, 70 Knot, o lo que es lo mismo, 9,1 € ida / vuelta, en 8 minutos nos transporta a un magnifico mirador desde el cual contemplar toda la ciudad vieja y otros núcleos de población limítrofes. Este funicular, funciona con una frecuencia de 15 minutos durante los meses de verano.

Otra vista, esta mas amplia, es la que se contempla desde los 643 metros del monte Ulrik. A el se accede mediante un teleférico que parte de las afueras de la ciudad vieja. Teniendo en cuenta las condiciones atmosféricas de la zona, con predominio de días lluviosos y nieblas, es bastante probable que el ascenso al mencionado monte sea fructífero.

Durante el año 2.000 fue la Capital Europea de la Cultura, manteniendo una programación cultural abundante y para todos los gustos (aunque no para todos los bolsillos) durante los meses de verano, con todo tipo de eventos englobados en el “Festival Internacional de Bergen.

Bergen es un importante enclave universitario. El programa “Erasmus” de la CEE, ha permitido a muchos estudiantes de otras nacionalidades de la Comunidad, cursas diferentes ciclos académicos en su Universidad. Estos estudiantes, suelen aprovechar sus meses de vacaciones para trabajar en lugares turísticos, como el mercado de pescado aprovechando sus conocimientos lingüísticos.

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