sábado 8 de octubre de 2011

La Rochelle, una ciudad volcada al mar



Escribir en clave marítima; es decir, enfatizando los vínculos entre la mar y la ciudad, es relativamente sencillo cuando se trata de La Rochelle, pues la influencia de este medio, tanto en el pasado, como en el presente y, por supuesto en su vocación futura es y será, simplemente enorme.

Pero todo relato hay que comenzarlo por un principio, siendo el comienzo del presente texto ubicarla en el mapa. Las coordenadas geográficas de su emplazamiento son las siguientes; Latitud: 46º 09´ 29” N, Longitud: 1º 09´ 3” O. Como estos fríos datos geográficos probablemente no digan mucho a los lectores, aunque bien me gustaría que fuese lo contrario, pues la geografía, lejos de ser algo engorroso que los maestros se empeñan en inculcar a alumnos, es a mi entender una rama del conocimiento práctica y muy hermosa. Pero, ya me he alejado del tema; así que voy a procurar “colocarla” en el mapa. Cuando hablo de latitud, esta corresponde al centro de la fachada Atlántica francesa, a unos 406 kilómetros al norte de la frontera con España en Hendaya. La longitud es prácticamente la misma que la esta villa gala, porque el litoral es prácticamente rectilíneo; es decir, no hay variación en longitud, siendo ocupado "casi" en su totalidad, por Las Landas. Esta villa, es el punto de inflexión de de la costa atlántica francesa, punto desde el cual, empieza a "curvarse" hacia el oeste, llegando  el Finisterre francés a una longitud semejante a la que tiene la villa asturiana de Llanes. Probablemente, utilizando el este vínculo con “Google Maps”, sea más sencillo este pequeño trabajo de comprensión. No son los mejores mapas, pero son gratuitos y eso, en los tiempos que corren de tempestad económica, es, por lo menos para este escribiente,que en modo alguno; escritor, es mucho.


La Rochelle es la capital del distrito, o también llamado departamentos de la “Charente Maritime” y como tal, la ciudad mas poblada de la zona. Son aproximadamente unos 75.000 habitantes los cuales que la pueblan, aunque, si sumamos las zonas suburbanas, llegan a unas 100.000 personas en total. Data su fundación de los comienzos del siglo X, teniendo su época de mayor esplendor y bonanza, allá a mediados del siglo XVI. Este apogeo de actividad, fue debido a su estratégica ubicación geográfica. Por aquellas épocas era una ciudad fronteriza porque, al sur de ella se extendía  el reino, o mejor denominado, ducado ingles de La Borgoña (Burdeos) y esta ciudad; La Rochelle estaba bajo el reinado francés. Esta circunstancia le permitió un gran auge en el  comercio marítimo, el cual, con el paso de los años derivaría al tráfico de carne humana. No en vano, este dudoso honor fue consecuencia a su importancia en tráfico de esclavos en la Europa de aquellas épocas. Con posterioridad, cambió el tráfico humano por el de mercancías para las colonias ultramarinas americanas, principalmente vino y sal. Más tarde, ya implantada la revolución francesa con la abolición de las clases sociales, volvió a transformar su actividad, siendo uno de los puertos de salida de emigrantes hacia las américas.



Extenderme en el pasado histórico y comercial de esta ciudad, no es el propósito de ese relato. Sin embargo, no puedo pasar por alto ciertos edificios históricos, todos ellos relacionados con su Puerto Antiguo, centro neurálgico de esta urbe. Las torres de San Nicolas y de La Cadena, son los guardianes de la entrada del puerto, flanqueados por el lienzo oeste de la muralla terminada en la torre de La Lanterne.



Ya, dentro del puerto y dando entrada a la ciudad desde esa fachada marítima, se encuentra “La Puerta Grosse Horloge. Otra muestra más del pasado comercial de la ciudad son sus más de 3 kilómetros de soportales, lugares techados donde se realizaban las actividades mercantiles, "al repar" (resguardo) de las inclemencias climatológicas. Hoy en día, las inmediaciones del puerto son un hervidero de establecimientos de hostelería, gratos en los meses invernales y absolutamente agobiantes durante las épocas de vacacionales.

Pero La Rochelle es una ciudad portuaria que ha sabido reinventarse y reconvertirse a los nuevos usos comerciales. Su Puerto Antiguo, tan hermoso como poco práctico para las grandes naves que empezaban a surcar los mares en los albores de era industrial, allá por los finales del siglo XIX quedo obsoleto para las mismas, obligando a la ciudad a buscar una solución. Esta fué, construir un nuevo puerto, al oeste de la ciudad y frente a la Isla de Re. Es un zona de aguas profundas, apta para albergar en sus instalaciones a los nuevos mastodontes del mar. Para diferenciarlo del antiguo se denominó; "La Pallice". Esta instalación, a parte de ir cobrando con el paso de los años una importancia sustantiva en el crecimiento económica de la región, ha tenido una significación tremenda en la historia europea del siglo XX.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la Alemania nazi estableció una base naval para sus submarinos en La Pallice, el principal puerto de La Rochelle. La fortaleza está construída de hormigón y hierro, un conjunto a prueba de bombardeos que hoy día permanece perfectamente conservada. Es simplemente impresionante, por no utilizar otros múltiples adjetivos.

Las bases de la Kriegsmarine en territorio francés (Brest, Lorient, St Nazaire, Burdeos y La Rochelle) extendieron el radio de acción de los submarinos alemanes permitiéndoles atacar convoyes y patrullar más adentro en el Atlántico, con el consiguiente reguero de destrucción y muerte. La Rochelle, era una fortaleza nazi, siendo la última ciudad francesa en ser liberada al final de la guerra. Entre el 12 de septiembre de 1944 y el 7 de mayo de 1945 la cuidad estuvo sitiada. Incluyendo las islas Ré y Oléron, la zona  estaban controladas por unos 20.000 soldados alemanas bajo el mando de un vicealmirante. Las negociaciones entre el capitán de fragata francés Meyer y el mando alemán llevaron a la capitulación el mismo 7 de mayo. Un día después las tropas francesas entraron en la ciudad y la liberaron.


Hoy en día, el Puerto de La Pallice es escala casi obligatoria para los grandes buques de pasaje, normalmente en cruceros con origen ó destino en Gran Bretaña y Alemania, dentro de la categoría de lujo o semi-lujo. Así mismo, con otros puertos del Atlántico han creado el denominado “Puertos del Arco Atlántico”, organismo encargado de fomentar en la zona la actividad crucerística.


Otra vertiente marítima de esta localidad radica en su gigantesco puerto deportivo, de nombre “Les Minimes” y que alberga la friolera de 4500 atraques, en su mayoría veleros. Es el segundo en tamaño en Francia, teniendo que sumar a su capacidad los más de 500 atraques del Puerto Viejo. Esta actividad náutica lúdica ha propiciado la celebración anual en la localidad cada año de el Grand Pavois, el primer salón náutico del continente. Por supuesto, con semejante infraestructura lúdico - deportiva, son numerosas las regatas que el mismo tienen origen o final. También ha acogido a la Volvo Ocean Race. Incluso, si Paris hubiese sido elegida capital olímpica, estaba previsto que se celebraran las pruebas de vela de los Juegos Olímpicos y paralímpicos en el año 2012, algo que tendrá que esperar para futuras olimpiadas.


La oceanografía está también presente en esta ciudad con un gran acuario, quizás uno de los primeros donde se puso en práctica la interacción entre el visitante y los contenidos. Las tradiciones marineras se encuentran ampliamente representadas en su museo marítimo, el cual cuenta con unas amplias instalaciones cubiertas, así como muelles donde amarran los buques de su colección y una rampa varadero, vestigio un antiguo astillero, siendo hoy una forma didáctica de explicar esa faceta de los oficios marineros. Pero como no todo puede “ser perfecto” aunque así muchas veces se quiera demostrar, este museo tiene su “Talón de Aquiles” con el “Calypso”, mítico barco del Comandante Costeau y que tras largas negociaciones y estancias en los muelles de este museo, terminó hundido en el muelle de La Pallice.



En un plano anecdótico, hago una referencia a un fuerte situado a pocas millas de distancia y que es uno de los típicos destinos de los barcos turísticos veraniegos y que fue no hace muchos años el lugar de uno de esos concursos “chorras” con los que nos deleitan las cadenas televisivas; “Fort Boyard”.



Y después de esta avalancha de datos, termino haciendo una referencia a los aspectos lúdicos y culturales de la ciudad. Por un lado, es una urbe que atesora dos características principales: en todos sus rincones huele a mar y además tiene vida. Durante los meses del invierno, muchas ciudades con el mismo número de habitantes del país galo (unos 100.000) a primera hora de la tarde ya están vacías. Sin embargo, La Rochelle no. Invierno o verano, la gente pasea con sus bicicletas, acude a actos culturales o se sientan en algunas de las terrazasbordillos o bancos que hay a las orillas del puerto. De hecho, fue de las primeras metrópolis que creó los espacios exclusivos para el paseo (a pie y en bici). Por otro, es destacable la importancia de su universidad así como de un edificio “lúdico cultural”, en el centro de las nuevas urbanizaciones aledañas al museo marítimo, que es lo que ellos denominan “Mediateque”; un espacio donde la cultura pública se manifiesta en forma de centro cultural, donde poder disponer de forma gratuita de una gran variedad de fondos, tanto, libros, música, películas, DvDs, dibujos, etc, todo ello en un entorno de gran belleza y luminosidad..

Y ya por último mencionar la riqueza que la mar brinda a la zona en forma de pescados, siendo muy afamadas las ostras de la zona, sobretodo de las vecinas Islas de Rè y Oleron, siempre regadas con los vinos  blancos de la zona. Tampoco hemos de olvidarnos del Cognag, pues estamos en un emplazamiento rodeado por los viñedos de esa denominación de origen, circunstancia que no abarata para nada la ingesta de ese espirituoso licor.

En el plano práctico, la ciudad se encuentra magníficamente comunicada, merced a sus conexiones terrestres,  vía autopistas de peaje, ferrocarril TGV con Paris y aeropuerto internacional.

En definitiva, un lugar que merece ser visitado, aunque esté, obviamente, lleno de franceses.

Gaztelupe

sábado 10 de septiembre de 2011

La calzada de los gigantes, giant's causeway




La Calzada de los Gigantes (giant´s causeway), es una rareza geológica en un entorno de una belleza deslumbrante

Irlanda es una tierra extremadamente prolija en relatos de taberna, donde irremediablemente entre los vapores etílicos de la cebada fermentada o destilada, se habla y se habla, convirtiendo en una realidad casi axiomática las leyendas, algo que sin la menor duda ha ocurrido y nos sigue pasando a los que hemos contemplado extasiados esa rareza natural que es“La Calzada de los Gigantes”. En mi caso y antes de que los posibles lectores puedan pensar en asimilar mi estado etílico a la hora de escribir este relato, al de los lugareños, puedo prometer, jurar o lo que sea, que cuando, como un bobo me quedé alucinado con ese paisaje, no había ingerido cantidad alguna de substancias alucinógenas.

Después de mucho pensar, creo que la mejor forma de comenzar a intentar describir el lugar, es recurrir a la leyenda, algo mucho más prosaico, divertido y en consonancia con esa isla de fantasía. Por tanto, se me ocurre transcribir algunos párrafos de la leyenda que intenta explicar la formación de tan particular enclave. Eso si, de una forma resumida, porque una leyenda en Irlanda, puede ser tan larga, como tiempo este abierto el pub y haya cerveza pagada.

Cuenta la leyenda que el gigante irlandés Finn MacCool hace muchos, muchos años y por motivos que varían en función de las diferentes versiones de la leyenda leídas, aunque yo me voy a quedar con la mas “romántica”, quiso salir de la Isla de Irlanda hacia la vecina isla de Staffa (nada más que ciento y pico de kilómetros de distancia), en las costas de la vecina Escocia para visitar a su amada, concretamente junto a las islas de Iona y Mull, Hébridas Interiores. Para ello reunió miles de bloques de piedra hexagonal; una especie de los pilotes que se utilizan actualmente en la construcción y con su gigantesco martillo los fue clavando en el lecho marino desde la costa, formando una especie de inmensa construcción que se adentra más de 250 metros en la mar, la cual la podemos asemejar a una calzada. La cuestión es que Finn MacCool no la pudo terminar, también por versiones muy dispares de fábula, y no sabemos si pudo o no reunirse con su amada, pero no todos los cuentos terminan bien. Sé que al “amoldar” la leyenda a mis fines literarios, habré incurrido en múltiples motivos de discordia para los puristas de estos temas, pero ¿qué buena historia de taberna no cambia cuando se transmite de boca en boca?. Lástima que mi ingles, como todos los tornillos y tuercas de mi cerebro estén recubiertos por una gruesa capa de orín y no sea capaz de entender esas historias en los pubs.

Antes de intentar describir lo que mis ojos pudieron ver en una magnífica tarde en los finales de septiembre, con un sol brillante en lo alto, viento moderado y un estado de la mar bastante tranquilo, pero no exento de la fuerza del Mar del Norte. Personalmente, hubiese deseado una mar dura, algo que habría brindado un espectáculo de esos de escribir con mayúsculas, pero que con toda seguridad, hubiese supuesto el cierre al visitante de los caminos que llegan cerca de la mar, pues con esa orografía de la costa, el peligro no sería algo latente, si no real y evidente.

Este segmento de la costa irlandesa se encuentra en su parte nororiental; concretamente en el Condado de Antrim, uno de los cuatro condados de la isla pertenecientes administrativa y políticamente a la Gran Bretaña, territorio donde la moneda de curso legal es la Libra Esterlina, aunque para abonar el importe obligatorio del parking, admitieron sin ningún tipo de inconveniente Euros; eso si, con una corrección y aumento en el cambio relativamente importante. Para llegar, hay que tomar la A2, carretera que discurre más o menos paralela a la costa desde Coleraine a Belfast, debiendo tomar una carretera comarcal, de numeración B147, la cual nos llevará a sus inmediaciones. ¡Ojo!, la “señalética”, palabreja que algunos han inventado para describir eso de las señales, no es precisamente muy buena y hay que estar bastante atento a los carteles indicativos, si uno no quiere acabar haciendo compañía a las numerosas vacas que pastan en sus inmediaciones.

Antes de seguir divagando con mis comentarios y como cuña que apostille este descabellado cúmulo de letras, he de decir que este monumento natural está catalogado por la Unesco como “Patrimonio de la Humanidad”, gozando por tanto del máximo nivel de protección ante las posibles influencias de la mano del hombre, estando reconocido por los expertos y mandamases medioambientales como algo único. Esa magnificiencia en su catalogación, fue uno de los motivos por los que me acerqué a la misma con muchos reparos y reticencias. Si en mi parecer, enjuiciar las obras realizadas por el hombre me resultan harto complejo y discutible, mucho más lo ha de ser cuando esos “prodigios” son de origen natural. La relación entre los humanos y la naturaleza ha sido, es y esperemos que no lo sea en el futuro, demasiado compleja. Sin embargo, en el caso de este impresionante monumento natural, es bastante difícil no quedar desconcertado ante su contemplación, dando pábulo a nuestra parte no racional a múltiples emociones. La naturaleza es para mi, la mayor de las obras de arte que los humanos podemos contemplar y disfrutar.

Llegados ya a este punto, toca indefectiblemente intentar describir el lugar. Para ello, lo primero es intentar situarse en el entorno; una costa recortada con prados sobre los que se desarrollan las labores agrícolas, acabados en acantilados verticales, cayendo “a plomo” sobre una mar, tranquila relativamente en el día de mi visita, pero que no debe permanecer en ese estado muchos días al año. En uno de los recortes de la costa hay una especie de saliente o cabo adentrándose en la mar unos 250 metros, formado por una sucesión continua de bloques verticales de basalto de forma hexagonal, de unos 70-80 centímetros entre ejes y con longitudes variables entre los 5 y 14 metros (eso dicen las guías) y que realmente parece obra del hombre. Los folletos explicativos describen hasta cinco zonas diferenciadas, intentando ver hasta las supuestas figuras del camello del gigante o una de sus botas (“imaginación”). Partes a lo largo del acantilado de la zona, parecen sujetadas mediante la utilización contigua de esos pilotes, formando una especie de muro de contención semejante al que ejecutan los ingenieros en las obras de cimentación, aunque aquí, mentes muchos más imaginativas que la mía lo denominan “los órganos”, por la similitud que se puede encontrar en la disposición vertical de estos bloques megalíticos con los tubos de un órgano de iglesia. Los pacientes geólogos han contabilizado más de 40.000 de estos bloques, lo cual nos puede dar una pequeña idea de la dimensión del lugar. Es simplemente “alucinante” pasear por el borde superior del acantilado, con las vacas por el lado de tierra y estas estructuras aguantando los envites de la mar.

Entrar en la enumeración de sus descubridores y de las emociones que ha provocado en los “artistas”, es algo ya bastante largo y tedioso. Sin embargo he de recalcar las magníficas "instrucciones de seguridad",  entregadas con el folleto adjunto al ticket de aparcamiento. Disfrutar en la naturaleza y de la misma con respeto y precaución, es algo a lo que es muy importante acostumbrarse. Mis felicitaciones a las autoridades, por explicar los riesgos en los que podemos hacer incurrir a los cuerpos de seguridad a causa de nuestras imprudencias.

También es bastante pesada, la versión de los geólogos y demás sesudos científicos dan a las causas que dieron origen a este lugar. Es mucho menos prosaica que las leyendas, bastante difícil de comprender para mentes con tan escasos conocimientos como la mía, pero necesaria de ser transcrita, tanto por ser la realidad, como tratar de reconocer la callada labor de esas personas que estudian para que otras vagueemos. Como no quiero ser muy plasta con mis ideas, separo claramente mi texto original de la transcripción original de las mismas. Es ciencia y como tal para muchos, algo prescindible por aburrido, pero de recomendable lectura.

Leyendas aparte, varias teorías han pretendido explicar el origen de la calzada, alguna vez se creyó que era un bosque de bambú petrificado, o el resultado de la precipitación de minerales de las aguas del mar, pero hoy los geólogos concuerdan en su origen volcánico, hace 50 millones de años, Irlanda del Norte y el poniente de Escocia fue zona de actividad volcánica. Los orificios abiertos en la corteza terrestre derramaron lava en el terreno a profundidades de más de 180 m., al enfriarse, la lava se solidificó, y fue cubierta por más lava arrojada durante una segunda erupción, estos minerales fundidos se extendieron sobre la planicie de basalto solidificado y se enfriaron, contrayéndose poco a poco. La composición química de la lava hizo que la presión acumulada en la capa de enfriamiento actuara en torno de un punto central y separara la lava en formas regulares, por lo general en hexágono, modelo que, una vez establecido, no hizo sino repetirse en toda la capa, como el enfriamiento se extendió al estrato de basalto, el resultado fue un conjunto de columnas hexagonales. En la capa superior, la primera en enfriarse, las rocas se agrietaron en diseños prismáticos regulares, como ocurre con el cieno del fondo seco de los ríos, conforme los enfriamientos la separación se prolongó, las grietas superficiales penetraron hasta la masa de lava, dividiendo así la roca en columnas verticales, la fuerza del mar ha desgastado durante miles de años las recias columnas de basalto, que hoy se alzan a alturas diferentes, el ritmo del enfriamiento fue responsable también del color de las columnas, al ir perdiendo calor, la roca se oxidó: sucesivamente fue roja, parda, gris, y finalmente, negra.

Gaztelupe
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