sábado, 23 de agosto de 2008

The World, lujo y negocio en un barco


El concepto de un barco residencia, nació en 1.997 de la mano de Kunt U.Kloster, miembro de una de las familias que mas ha colaborado en el desarrollo de la actual industria de los cruceros. Este barco, permitiría aunar la exclusividad de un yate de lujo, con las ventajas que ese tipo de embarcaciones conlleva con un moderno y exclusivo barco de cruceros privado. El “invento” permitiría a sus propietarios, disponer de unos servicios y estancias únicos de acuerdo a sus gustos durante cualquier periodo del año, sin tener que hacer frente a los cuantiosos gastos que representaba mantener un barco privado operativo durante todo el año.

La idea cuajó y en el año 2.002, los astilleros Fosen Mck de Noruega comenzaron la construcción del barco. Construcción que finalizó en octubre de 2.003, fecha en la que el barco es comprado por la compañía The World ResidenSea Ltd (www.residensea.com), compañía independiente encargada de las ventas, comercialización y administración del mismo.

Básicamente, The World (ese es su nombre) es un barco tipo crucero, con las máximas comodidades típicas de ellos, pero con una habitabilidad para los pasajeros distribuida en 165 espacios privados, llámense, pisos, apartamentos, estudios, etc, de muy diversas superficies y decoraciones realizadas en función de los gustos de los compradores de los mismos. Cada uno de estos espacios tenía un precio de compra que oscilaba entre US$ 25.000 y US$ 6.3 millones. El comprador realizaba la distribución de los espacios adquiridos de la forma mas adecuada a sus necesidades, incrementando el valor de los mismos en función de los componentes instalados. Al precio de compra, evidentemente, hay que sumarle los gastos anuales de mantenimiento, por supuesto, módicos y proporcionales a las superficies y a los servicios contratados. En la actualidad, se encuentran vendidas sus superficies en un 95%., habiéndose creado un mercado de 2ª mano el cual ha generado amplias plusvalías.

Residensea Ltd, a través de sus 24 oficinas de ventas, las cuales denomina de forma eufemística “embajadas”, repartidas por un mismo número de países (España no está incluida), comercializa el alquiler de estos espacios, en el caso que sus propietarios así lo hayan decidido, por periodos de tiempo nunca inferiores a 6 días consecutivos. El precio del alquiler con una ocupación de 2 personas por noche, oscila entre US$ 1.200 y US$ 4.200, dependiendo del tipo de alojamiento, pagándose un sobre precio adicional de US$ 350 por cada ocupante extra. Estos pasajeros tienen derecho a una serie de servicios básicos, como pensión alimenticia y limpieza, los cuales si han de ser abonados por los residentes del barco.

En este barco casi todo es posible y diferente, aunque haya que pagarlo. Las singladuras, planificadas con 2 años de antelación, llevan al buque a zonas de navegaciones idílicas, muy poco concurridas por otras naves, con tiempos de escala que rondan una media de 2,5 días, donde es posible realizar todo tipo de excursiones y actividades totalmente exclusivas, como jugar en los mejores campos de golf o visitar emplazamientos tan variopintos como lo desee el crucerista. El barco cuenta con los servicios de la prestigiosa clínica suiza La Prairie para prestar tratamientos médico estéticos, Así mismo y aunque sea totalmente factible cocinar en los pisos – apartamentos, el barco cuenta con la colaboración de prestigiosos chefs, los cuales, a parte de deleitar a los pasajeros con sus cuidadas elaboraciones culinarias, imparten cursos de cocina a los pasajeros que así lo deseen. Nada es imposible, por supuesto si se paga. Se pretende un altísimo grado exclusividad, pero a su vez, se ha considerado adecuado, poder hacer compatible el placer de unas vacaciones con la rentabilización de unas inversiones.

El barco, estéticamente (lo he podido comprobar en la bahía de Hendaya), se diferencia bastante poco de cualquier otro buque de dimensiones similares a no ser por una distribución relativamente poco simétrica de los huecos exteriores, la cual viene motivada por la diferencia de dimensiones de los apartamentos y por consiguiente de sus terrazas. Desplaza 43.524 GTR, su eslora es 196,35, manga 29,8 metros y con un calado de 6,7 metros. La velocidad máxima que logra a plena potencia es de 18,5 nudos. Está tripulado por 250 personas, las cuales han de atender a una clientela aproximada de entre 150 a 200 pasajeros.

Como curiosidad, mencionar el mínimo impacto ecológico que los diseñadores del barco han previsto. Mediante depuradoras, se recicla todos los líquidos sobrantes del barco y ningún desperdicio es arrojado al mar. Así mismo y para permitir singladuras por zonas poco pobladas o de difícil acceso, el barco cuenta con amplios depósitos de combustible, circunstancia que le permite dilatar los periodos entre repostajes.

Resumiendo, se ha pretendido alcanzar un equilibrio entre lujo, exclusividad, vacaciones y el mínimo impacto económico. Ya se sabe, el dinero llama a más dinero.

Gaztelupe

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