martes, 23 de junio de 2009

Caledonian MacBrayne, el arte de "navegar a la antigua"




Conocer las islas de la costa oeste de Escocia abordo de los ferrys de Caledonian MacBrayne, barcos en los que se conservan las antiguas artes marineras

No sé cuantas veces he comenzado a escribir este texto, procediendo a su borrado al cabo de juntar unas pocas palabras. Es mi lucha, la del narrador que trata de ser ecléctico y objetivo; siempre dentro de los márgenes de mi relatividad sensitiva, con la de la persona humana, llena de emociones por 8 días de maravillosas singladuras abordo de los buques de esta compañía. Han sido momentos bastante cargados de alegría viajera siendo ese “toque sentimental” el que pueda a desvirtuar, o por lo menos empañar la reseña informativa de esta empresa de servicios marítimos, objetivo fundamental de este escrito. Intentaré separar con la claridad que me sea posible lo que ha de ser puramente información práctica y por tanto; necesariamente objetiva,del ámbito de lo personal y sentimental.

Va a ser una ardua, pero hermosa tarea, porque ha habido muchas emociones imbricadas de forma casi solidaria, con el hecho material de escribir sobre una empresa transporte marítimo. Esta naviera es el vínculo de unión entre muchas gentes y esas gentes en su trajín cotidiano de convivencia con estas naves, las dotan a de una especie de “alma” y el alma, por definición, no se puede describir sin entrar en consideraciones filosóficas, algo que en modo alguno estoy capacitado de realizar y que por supuesto "sobra" en este texto.

Empezando por el principio, que es como se debe empezar, Caledonian MacBrayne, es en la actualidad, una naviera controlada al 100% por el gobierno regional escocés. Su ámbito de operación son los mares interiores del oeste de Escocia, abarcando desde la desembocadura del Clyde cerca de Glasgow hasta las Hébridas exteriores, pasando por Aram, Islay, las Hébridas interiores, la isla de Skye y otras pequeñas islas. Son más de 25 rutas diferentes, 26 en verano para ser exactos, servidas por 29 barcos en propiedad y 2 en alquiler. Son buques de todo tipo, ferries convencionales de buen tamaño, , de muy diversas dimensiones y otros artilugios náuticos de muy difícil catalogación. Estos barcos efectúan cientos de singladuras diarias, tanto entre islas, como salvando rios y brazos de mar, y con duraciones que van desde unos minutos a más de 5 horas.

Esta naviera de titularidad “regional”; es decir, financiada con dineros públicos, tiene su sede en Guermsey, una de las Islas del Canal de la Mancha. Estas islas, situadas a muy pocas millas de la costa Francesa, frente a St Malo, son famosas, entre otras cosas, por ser paraísos fiscales, algo realmente chocante tratándose de una naviera no privada, pero, los señores Británicos nunca nos dejarán de sorprender por sus actuaciones, aparentemente excéntricas, pero casi siempre con bastante más sentido del que aparentan a primera vista. Su historia es sumamente larga en el tiempo como compleja en uniones y desuniones entre sus miembros y con calidades en sus servicios acordes a esa vicisitudes, derivando todas ellas en lo que hoy es. Según los datos por ellos publicados en su web, durante el año 2006 transportaron la friolera de: 5,3 millones de pasajeros, 1,1 millones de coches, 94.000 vehículos industriales y 14.000 autobuses. Son cifras realmente “espectaculares”, las cuales nos pueden dar idea de la trascendencia social y económica de esta empresa, vínculo de unión entre poblaciones muy dispersas, asentadas en islas muy bellas, pero muy duras para ser habitadas durante los crudos y largos inviernos. Evidentemente, al ser un servicio público esencial para la comunidad insular Escocesa, este es claramente deficitario, teniendo que asumir el gobierno regional las abultadas pérdidas en la cuenta de resultados de la misma, aunque siendo un coste imprescindible, si se pretende mantener una igualdad entre los diferentes habitantes de la nación Escocesa.

Su catálogo general, es todo un mundo de horarios de precisión británica (llegan a afinar “el minuto), posibilidades viajeras y tarifas, siendo fiel reflejo de una filosofía donde el navegar es una actividad asombrosamente simple, divertida y económic. Sus rutas llevan a lugares de una impresionante belleza natural, muy poco explotados turísticamente, donde la calma y la tranquilidad son la nota dominante, aunque, siempre acompañados por un semi-eterno viento y unas condiciones de la mar, con más días buenos que malos, algo a tener en cuenta por eso de mareos y demás zarandajas. Solicitar el folleto, como ponerse los dientes largos de envidia al contemplar los paisajes, se puede hacer a través de su página web: www.calmac.co.uk, de fácil navegación y con amplios contenidos, aunque para aclararse con los horarios y tarifas, he de recomendar el uso del papel. Además, la página proporciona enlaces con casi todo lo que nos pueda ser necesario para organizar nuestro viaje, algo que yo hice sin ningún tipo de problemas y eso que soy bastante torpe y con un nivel de ingles no demasiado bueno.

Como buena empresa pública que se precie, tiene personal para dar, tomar y regalar. En tierra, los procesos de embarque; es decir el chequeo de billetes y demás formalidades pasa por un montón de personas; todas ellas muy atareadas en un trajín constante de ir y venir, pero sin demasiada eficiencia. No se puede para nada negar su amabilidad y ganas de ayudar, pero un poquito más de orden, probablemente colaboraría a menores pérdidas, mayor agilidad pero, todo tiene un pero, haría caer significativamente el empleo en estas zonas, ya de por si poco pródigas en trabajo. Ejemplo de su falta de organización era el puerto de Oban, punto en el que convergen bastantes de sus lineas. Dotado de dos muelles con sus fingers y plataformas ro-ro, se gestionaba de tal manera (de mal), que en ocasiones, los ferries debían quedarse en franquía a la espera de que se desocupasen los muelles.

Abordo, la cosa es diferente pero de resultados similares. Por un lado, una tripulación técnica, diestra en el manejo de los buques, algo no tan sencillo cuando se trata de maniobrar en un palmo con vientos duros y malas mares, ayudados por marineros de avanzada edad y costumbres ancestrales, como la de pasar su jornada repintando a velocidad económica el barco; es decir, sin ninguna prisa y generando situaciones tan cómicas como la de estar pintando de un color una parte del barco con una mano, estando apoyado en la blanca baranda con toda la otra mano sucia de pintura. Pero no descuidaban el buen hacer marinero, hecho que se demuestra en preparar en todas las maniobras el freno de emergencia; es decir, destrincar las anclas de sus “stopers” para poder largarlos sin demora en caso de fallo en la máquina o complicación de la maniobra y servir como retenida de emergencia, algo que hacía años que no veía y que es una muy buena práctica marinera, caída, por desgracia en el olvido.

Por otro lado, la tripulación de fonda o lo que es lo mismo; restauración, con mucho componente estacional, hacia lo que podía; eso si, sin forzar mucho por eso de no herniarse. En todos los barcos en los que navegué con restaurante, había el mismo menú para cada comida, tanto a la hora de los desayunos con el consabido “desayuno escocés”, apto para sus estómagos, como para el almuerzo; fish and chips, pastel de riñones, pasta y alguna otra cosa más tipo sándwich, snack y similares. Eso sí, los precios no eran para nada abusivos. Por supuesto y como es normal en cualquier buque ferry, había muchos pasajeros que llevaban sus vituallas, montando sus colaciones en el rincón del barco más de su gusto; eso sí, siendo tremendamente respetuosos con sus compañeros de viaje y depositando los restos en las papeleras. La limpieza era adecuada y los baños estaban correctamente cuidados, algo que es de agradecer en un servicio por el que pasa multitud de personas y a veces, muchas de ellas con un grado de civismo inadecuado.

Como sólo puedo escribir de lo por mi visto y siempre con las limitaciones de mi parcialidad, ahora toca hacer un poco referencia a los barcos y trayectos utilizados en mi viaje, los cuales fueron unos cuantos. Utilice un billete denominado “Rover”, con el cual se puede viajar 8 ó 15 días consecutivos en cualquier trayecto y tantas veces como se quiera, siendo no necesaria pero si conveniente, la reserva de plaza para determinados trayectos y horarios.

Adquirí mediante internet el mencionado billete, en su opción de 8 días. Los pasajes para dos personas y un vehículo, costaron, según la tarifa vigente en el catálogo “Explorer 2009”, 316 libras esterlinas, un precio para mi realmente económico, tal y como se verá por el número de singladuras realizado. Hay una gran variedad de tarifas y paquetes combinados, con lo cual, la economía no ha de ser inconveniente a la hora de decidirse por estos lares.

Comencé un lunes en Ardrossan, al sudoeste de Glasgow. Alli recogí los billetes y cerré horarios, no sin antes volver locos al amable personal de la compañía con mis problemas en los horarios, derivados de mis nervios, inexperiencia y precipitación. Desde aquí, mi máximo agradecimiento a esta buena gente, tan dispuestas a ayudar con una sonrisa, al inútil turista subscriptor de este texto. A las 12.30 embarcamos a bordo del ferry “Caledonian Isles” (Eileanean Chaledonia) rumbo a la isla de Arran, a la cual arribamos tras 55 minutos de travesía en el puerto de Brodick. El buque tiene 94 metros de eslora, casi 16 de manga y da cabida a 1000 pasajeros y 110 coches.

El martes por la mañana, cruzamos desde el norte de la isla de Arran, desde un punto llamado Lochranza a la península de Kintyre, a un pequeño embarcadero de nombre Claonaig. Utilizamos el transbordador “Loch Tarbert” de 34 metros de eslora y con capacidad para 142 pasajeros y 17 coches, barco con una velocidad de crucero tan elevada, que hasta una persona a nado hubiese tardado menos. Ese mismo día y desde el otro lado de la península de Kintyre, en Kennacraig, embarcamos rumbo a Port Askaig (Isla de Islay) en “Isle of Arran”, un ferry en el límite de su vida operativa (hay uno nuevo en grada) de 85 metros de eslora, 659 pasajeros y 62 coches. Este, aunque viejecillo estaba bastante bien cuidado y nos dejó en su destino tras 2 horas de travesía.

El miércoles a la mañana salimos con destino Oban (Escocia) vía Colonsay en el “Hebridean Isles” (Eileanan Innsegall), un ferry de 85 metros, 494 pasajeros y 62 vehículos, también algo “mayor”, pero todavía con algunos años por navegar. Fueron unas 4 horas de travesía más la demora por la espera de muelle en Oban.

El jueves embarcamos en el “Clansman”, ferry de bastante buen diseño rumbo a Castelbay (Isla de Barra) vía Coll y Tiree. Ya estábamos en el archipiélago de las Hébridas exteriores. El barco, en sus 99 metros de eslora puede transportar a 638 pasajeros y 90 vehículos. Como nuestro destino final aquel día era la Isla de Uist y no habiendo conexión directa desde Oban, tuvimos que desembarcar y coger carretera y hacer 10 kilómetros hasta Ardmhor, donde nos aguardaba el transbordador “Loch Alainn” para llevarnos hasta Eriskay. Es una moderna nave de 43 metros de eslora y con capacidad para 150 pasajeros y 24 vehículos. Todavía quedaban unos cuantos kilómetros para llegar hasta nuestro lugar de pernoctación, teniendo que atravesar la isla de South Uist y Bembecula.

Al día siguiente, embarcamos en Lochmaddy, isla de North Uist, rumbo a Skye, concretamente al puerto de Uig. El ferry fué el “Hebrides” (Innse Gall), de 99 metros de eslora y capacidad para 612 pasajeros y 98 vehículos. Como curiosidad anecdótica, citaré cierto incidente con nuestro coche, el cual, al ir a recogerlo al garaje de la nave, había desaparecido. Alucinando y empezando a pensar cosas raras, preguntamos al personal de la nave, siendo la solución a nuestro problema muy sencilla y enumerada en un papel, que para mi sonrojo, no me había molestado en leer. El coche estaba aparcado en una cubierta móvil, la cual había sido izada para dejar otra cubierta de garaje, volviendo a su posición original una vez desestibados los coche de esa cubierta. Cometí un error de manual; no leer y mi castigo fue unos minutos de estupefacción y mucho desconcierto. ¡Totalmente merecidos por idiota!.

El sábado, volvimos a embarcar en el “Hebrides”, esta vez con un rumbo más al norte; a la isla de Harris. Curiosamente, Harris se convierte en la isla de Lewis cuando uno avanza hacia el norte, sin que haya un brazo de agua que las separe físicamente. Todavía sigo sin entenderlo, aunque me inclino a pensar en una división administrativa más que física.

El domingo por la mañana abordo del “Loch Portain” cruzamos el “Sound of Harris, regresando a las isla de Uist. Este moderno transbordador, propulsado mediante “jets de agua”, es capaz de transportar a 195 pasajeros y 34 vehículos en sus 49 metros de eslora.

El último día de nuestro billete Rover, volvimos a embarcar en el “Clansman”, esta vez en la localidad de South Uist de nombre Lochboisdale y vía Castelbay (isla de Barra), regresando hasta Oban.

Fueron 8 días magníficos, de tiempo bonancible e incluso caluroso, los cuales guardaré en mi memoria como oro en paño, pues fué un viaje totalmente organizado por mi, con la única ayuda del ordenador y que resultó estupendo en lo organizativo (realmente sencillo) y bastante económico, algo casi impensable a la luz de las tarifas de las agencias de viaje, por recorridos mucho menores.

Sin embargo y como corolario del viaje, hay plantada una semilla de duda en mi forma de vida, pues he comprobado de forma fehaciente, como hay comunidades de personas con formas de vida mucho más sencillas que la mía y que a tenor de sus comportamientos, son aparentemente felices con bastante menos de lo que yo tengo y mal disfruto.

Gaztelupe

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